avión robótico vuela 8.000 kilómetros tomando datos científicos


Un avión no tripulado que puede volar al doble de altura que uno comercial ha realizado su primera misión con fines científicos, a lo largo de toda la costa oeste de Norteamérica, recorriendo 8.300 kilómetros en una ruta de ida y vuelta. Ha sido el primer vuelo de los cinco programados en la misión Global Hawk Pacific, o Glopac, de la NASA, para estudios de ciencia atmosférica sobre los océanos Pacífico y Ártico.

El Global Hawk es un avión robótico que puede alcanzar los 18.200 metros de altura y recorrer hasta 20.300 kilómetros (casi como la mitad de la circunferencia terrestre). Los operadores programan su ruta y el avión vuela solo durante un máximo de 30 horas, al tiempo que mantiene la comunicación por satélite y otros enlaces con la estación de control situada en un centro de la agencia espacial en el desierto californiano de Mojave.

"El Global Hawk es un avión revolucionario para la ciencia debido a su enorme alcance y su robustez", dice Paul Newman, científico que lidera la misión Glopac, que se realiza en colaboración con la agencia NOAA. "Ninguna otra plataforma científica proporciona el alcance y el tiempo para tomar muestras de los fenómenos atmosféricos que evolucionan rápidamente. Esta misión constituye nuestra primera oportunidad para demostrar las características únicas de este avión, al tiempo que recogemos datos atmosféricos de una región de la que existen pocos datos".

Los científicos pretenden medir directamente y tomar muestras de gases de efecto invernadero, sustancias destructoras del ozono, aerosoles y compuestos de la troposfera superior y la estratosfera inferior, en una zona que va desde el ecuador hasta el círculo polar ártico y al oeste hasta casi Hawai. Aunque el avión vuela solo, los pilotos pueden cambiar su rumbo o su altura en función de los fenómenos atmosféricos interesantes que encuentre en su ruta, y los investigadores pueden también controlar sus instrumentos desde tierra.

El avión transporta 11 instrumentos para tomar muestras y en su primer vuelo llegó hasta los 150,3 grados de longitud oeste y 54,6 grados de latitud Norte. Los investigadores esperan poder observar en los próximos vuelos la desintegración del vórtice polar, un gran ciclón en la troposfera superior que domina la meteorología invernal en el Ártico y es especialmente importante para comprender la destrucción del ozono en el hemisferio Norte. Más de 130 científicos de la NASA, la NOAA y varias universidades participan en el programa, que dispone de dos aviones Global Hawk de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, reconvertidos para fines de observación de la Tierra.


AP

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