Antonio Alarcón y Francisco Curiel, como miles de jóvenes mexicanos, llegaron a Estados Unidos siendo niños, estudiaron y se prepararon para ir a la universidad. Pero, por mucho esfuerzo que pusieran, sus sueños dependían de unos documentos: los que regularizaran su situación en el país.

La decisión del presidente Barack Obama de frenar las deportaciones de jóvenes indocumentados es una victoria para ellos.

Antonio consiguió una gran repercusión con un editorial que escribió en el diario The New York Times a favor del DREAM Act (Development, Relief and Education for Alien Minors), la ley para conceder la ciudadanía a los jóvenes que llegaron como ilegales a este país, tras pasar por la universidad o el ejército.

La acción diferida anunciada por Obama no es un camino a la ciudadanía, ni a la residencia legal, pero les protege de ser deportados temporalmente y les da la oportunidad de vivir legalmente y obtener un trabajo de trabajo durante dos años, después de los cuales pueden renovarla.

Para poder calificar para la acción diferida, los jóvenes tienen que haber llegado a EEUU cuando eran menores de 16 años, tener menos de 30 años actualmente, estar en la escuela o haberse graduado en la escuela o en el Ejército, haber vivido en EEUU desde antes del 15 de junio de 2007 y no tener antecedentes criminales.

Antonio comenzará en septiembre la universidad. “Ya estoy para ir a La Guardia. Me aceptaron en varias, pero no hay tanto dinero para ir a una universidad de 4 años todavía. En la de La Guardia me ofrecieron el programa que yo quiero para periodismo de radio y televisión”, dice.

Va a estudiar en un Community College (escuelas de educación superior públicas que ofrecen programas de dos años previos a la universidad), que cuesta unos 2.200 dólares al semestre. La decisión de Obama le ayudará a pagarlo. “Podemos aplicar para más becas, seguimos sin cualificar para ayuda del Gobierno, pero sí para otras becas abiertas a inmigrantes para las que pedían un número de la seguridad social”, explica.

Francisco Curiel llegó a Nueva York desde México con 15 años, para reunirse con su madre a la que llevaba 5 años sin ver. “No es fácil llegar aquí y adoptar una nueva identidad. Era un joven latino, de color y además indocumentado”, recuerda.

Cuando se graduó, no tenía dinero para ir a la universidad. “Cuando terminé high school (educación secundaria) y me preguntaban por la universidad decía que nos sabía, por no decir que no podía ir”, reconoce.

Consiguió una beca privada y comenzó a estudiar administración de empresas en un Community College. Después, quiere estudiar contabilidad en la universidad.

“La acción diferida me ayuda mucho en el permiso de trabajo, y ahora tengo la oportunidad de poder viajar a otro estado sin el miedo de que me vayan a deportar. Me da un poquito más de libertad, orgullo y poder levantar un poquito más la cabeza”, dice sentado en la sede de Make the Road (Se hace camino) , la organización con la que colabora para conseguir que se apruebe el DREAM Act.

“No es lo que esperábamos, pero al menos es un poquito de lo que nosotros merecemos”, opina Antonio sobre la nueva norma. “No había pasado algo así en 35 años. Creo que es un avance, creo que al presidente no le podemos exigir tanto, no es que pase una ley, porque no lo puede hacer”.

Si pudieran votar, tienen claro por quien lo harían. “Yo votaría por los demócratas, por Obama”, contesta Antonio. “A pesar de todo, ya nos han dado un poquito de lo que esperábamos. Y los republicanos, como se ve en todos sus discursos, siempre van en contra de los inmigrantes. Mitt Romney, ya sea Marco Rubio o Susana Martínez su vicepresidente, va a hacer todo lo posible por hacer leyes antiinmigrantes”.

Francisco coincide: “Votaría por Obama porque esto aunque no es suficiente es una gran ayuda. Es triste que el otro candidato, que tiene raíces mexicanas, ni siquiera sea capaz de decirlo porque se avergüenza”.

Francisco considera que la “acción diferida” ayudará a que los jóvenes latinos se integren mejor en sus comunidades y se esfuercen por llegar lejos. “Cuando estaba en high school, la mayoría de mis amigos se salían porque decían cuál es el punto de terminar, si me gradúo, no podré ir a la universidad porque es muy caro, e incluso si pudiera luego no puedo trabajar porque me piden un número de seguridad social. Esas ideas de uno, como joven, poniéndose barreras son menos doctores, abogados, maestros. Tantos talentos que estamos botando a la basura”.

Ahora cree que tienen la oportunidad de demostrar lo que pueden hacer por el país: “Más que nada me da gusto porque es un gran paso para demostrar que pasando esto y dando a jóvenes la oportunidad se puede mejorar la economía del país y es tiempo de pasar el DREAM Act y después la reforma migratoria”.

Tiene esperanza en que lo lograrán. “En la historia hay tantos movimientos que se llevaron años y años. Siento que no es todo lo que queremos por ahora, pero tengo fe de que se puede pasar”, dice. “Yo mismo estaba sin ganas de seguir, estaba triste, enojado, pero ahora te alientan, alcanzas a ver luz a final del camino y te motiva a seguir luchando”.

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